martes, 4 de noviembre de 2008

LE PENDU


Ya son más de cinco días en remojo. En la mañana de mi partida tengo que esquivar los charcos. Esto es un cachondeo, el mundo se desertiza y el Sahara se inunda, nuestra especie es una infección cutánea y respiratoria de la Tierra; al hombre del siglo XXI le ha salido la carta de el colgado boca abajo.

sábado, 1 de noviembre de 2008

MISERICORDIA


“La próxima vez que juegue será bajo mis propias reglas.”
Diario de a bordo de Crowhurst

Como iba diciendo, normal operations, sereno y alerta, en este día de suave celeste me vuelvo a acordar de la nave desierta, del trimarán de Crowhurst derivando entre olas como montañas. Sobre la mesita del navegante un diario de a bordo. La palabra al final de la última entrada es MERCY, piedad, compasión, misericordia. Creo que descubrió el mayor de los secretos, que el último cimiento no está duro, ni produce terror o dolor, que aunque te disuelva en aguas o arenas, te recoge y te mima, atravesándote con paraísos abundantes como bancos de peces fulgurantes, y cada grano de arena del desierto es un mundo de diamante y gloria entre tus manos. Si esto se supiera, si comprendiéramos uno solo de los noventa y nueve nombres de Al´lah, quién iba a quedarse aquí, pilotando la nave.

ADIÓS SAHARA, NORMAL OPERATIONS


Lista de comprobaciones para crucero terminada, y en el centro de los cuernos, sobre el panelito donde ponemos las fichas de aproximación pongo un papel blanco. Ayer llovió en serio por primera vez en un año, los ouadis parecen mejor dibujados, las manchas de humedad de las dunas parecen un camuflaje de colores nunca vistos. La atmósfera está limpísima y el aire suave como el culito de un bebé, multitudes de hileras de hormiguitas salen del bolígrafo manchando el papel, normal operations, es decir sigo por el ir y el venir sin sentido, mi próxima base será Arabia Saudita, la tierra de la piedra negra, esa sobre la que Abraham se echó una siesta. Normal operations, cielos, arenas y petróleo, Arabia, la gran madre del caldo negro, la cuna y guardiana de la Fe, pero sus desiertos sólo son vasallos del Rey Sahara. Después de tanto ir y venir, aún no he aprendido a despedirme, no le veo el sentido, es como cuando fui de niño a Medea y desde las montañas del Atlas vi su inmensidad por primera vez.¿Debería haberle dicho hola, o adiós?
Sólo hay que tener paciencia, toda tierra será desierto, adiós Sahara, normal operations.

viernes, 31 de octubre de 2008

LA TIERRA DE BARAKA



Aparentemente no hay vida en Marte, aparte de algunos restos de células en el hielo de los casquetes polares, aquí sin embargo es abundantísima. En la tierra de Baraka el pez de arena es un elegante lagarto con aletas que nada en las olas de este mar de cristal y rocas molidas y además es comestible, de la araña del camello no te asustes, que no te persigue, sólo busca el bien escasísimo de tu sombra, las mantis llevan camuflaje arenero, el escorpión metido en los zapatos te puede conseguir una semana libre, y el zorrito del desierto es un loco que a veces cruza la pista acelerado, como si fuera a algún sitio. Por los aires es más escasa, si miras hacia arriba puede que veas las nubes de langostas, los cuervos, las tórtolas, y un pajarito de pecho amarillo que apareció una vez en el pozo de British Gas; y pocos más somos, los animales que volamos sobre las dunas.

VIRYA Y AHIMSA


A Javier Bosch, Juan Masabeu y John Mc Cabe, que vivieron pacíficamente y murieron volando.


Las tormentas de arena del rey de todos los desiertos también son reinas mudables y feroces del Sahara, son tan orgullosas y les gusta tanto pavonearse que a veces se las ve desde el espacio. Hoy nos ha sorprendido una intentando aterrizar en el pozo Eco Foxtrot Cuatro, (hay que tener cuidado con la magia simpática, hace sólo unos días escribí sobre ellas) la torre del pozo era una sombra demasiado cercana y cada vez que la cabecera de la pista se empezaba a distinguir las fuertes rachas hacían imposible reducir la potencia sin perder el control direccional, alejándonos de una velocidad que nos permitiera aterrizar con seguridad, yo lo intenté, la capitana lo intentó, y frustrados tras dos tomas frustradas nos fuimos por donde habíamos venido, satisfechos de haber hecho todo lo posible sin arriesgar mucho todas las vidas que nos acompañan un poco más atrás. Ya no me tengo que jugar el pescuezo casi nunca, pero esos momentos de dificultad máxima en nuestro nada virtual videojuego me han despertado muchos recuerdos de juventud, de saliva espesa y sabor picante de oxígeno en la sangre, pensamiento veloz y miembros energizados por la adrenalina, de consciencia clara de peligro inminente, cuando la norma de todas las empresas era “sólo se puede no salir en caso de huracán” y el que cargaba los aviones estaba convencido de que todos los huecos libres del interior se podían rellenar. No había aeropuertos alternativos, ni combustible para ir a ningún otro sitio, cuando las nubes hacían el bocadillo con la bóveda de la selva maya y yo era la loncha de fiambre cada vez más apretado en el interior, buscando el claro de la pista de Gallon Jug en un mar verde, sin GPS, con brújula y reloj, como un marino de hace trescientos años pero con el combustible agotándose, con el avión peligrosamente sobrecargado, y esas coliflores gigantescas en un cielo negro plagado de rayos que convertían a la Cessna-206 en semillas voladoras de Sicomoro, en el caballito de tiovivo de una feria brutal…
En aquellos años quería, necesitaba probarme a mí mismo, buscaba una secreta iniciación guerrera, una prueba de valor, ”Virya”, la virtud yóguica del indómito coraje , el desprecio de la muerte, los cojones en suma. Gracias al deporte de riesgo constante que es la aviación en los países y empresas donde no se respetan ni las más básicas reglas de seguridad, pude secretamente ejercitar esta virtud, sin dañar a ningún ser viviente, sin alejarme de la base de todo buen camino que sea igual a su destino, practicando la no violencia, el respeto hacia todas las formas de vida que sienten, “Ahimsa”.

LA NAVE DESIERTA




A Crowhurst, piloto oceánico que perdió la cabeza en su trimarán.
Su nave fue encontrada desierta.

Si soy algo, soy desiertos en el pecho del piloto del desierto, una nao desierta que navega sobre la maravilla y la vastedad del Sahara, el más grande y seco mar de nada en esta tierra, pero siempre queremos poseer la belleza e intento calcular el valor y la desolación de esta enorme finca, de esta hacienda ruinosa, buscando desesperadamente sus lindes rectas cubiertas por la arena, un título que me diferencie del rebelde Aguirre, aunque yo también sufra delirios imperiales y derive en una balsa llena de cadáveres y monos por un río infernal. Satisfecho quedo de momento con esta fugaz servidumbre de paso, con este carril celeste para mi nave desierta, aunque dentro de algún tiempo podría alegar usucapio del Vacío, si cultivo estos desiertos en el pecho del piloto del desierto.

sábado, 25 de octubre de 2008

TOMANDO TIERRA, MORDIENDO EL POLVO


Se vuelve la tarde fantasmal y polvorienta, el aire caliente y masticable, cae una luz tenue y amarillenta que rompe las horas del Sol, y convierte los objetos cercanos en sombras de bordes movedizos. El tiempo parece entonces quedarse fijo en un presente crepuscular de vientos turbios. A veces llegan sin aviso, y se las ve temibles de lejos por el horizonte como una polvareda espesa de jinetes mongoles, invasores que se adueñarán de todo, y el cielo es arena, y la tierra es arena. Las tormentas de arena son mágicas, son violentas, pero sobre todo son muy hermosas, si no estás aquí arriba, si no te queda más remedio que aterrizar.